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Sergio Sarmiento: Esos viejos tiempos

Sergio Sarmiento

“Pero eso es el pasado. Y ahora solo estamos viendo hacia el futuro”.

Donald Trump

La primera vez que vine a Estados Unidos fue a principios de 1972. Llegué a Chicago, durante la campaña presidencial en la que el demócrata George McGovern contendía contra el presidente republicano Richard Nixon.

Yo venía del México de los priistas Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, que hoy el presidente López Obrador recuerda con tanta nostalgia. Las manifestaciones se reprimían con balas o palos y nadie en los medios se atrevía a criticar al gobierno. Era un México de pobreza y enormes privilegios para quienes estaban cerca del poder. En Estados Unidos me asombró no solo la prosperidad, sino la manera en que McGovern y sus simpatizantes criticaban al régimen. Por primera vez entendí lo que era vivir en un país de libertades políticas y económicas.

A 49 años de distancia algunas cosas han cambiado y otras no. Estados Unidos no solo sigue siendo más próspero que México, sino que la distancia ha aumentado. En la Unión Americana está terminando su mandato un Presidente, Donald Trump, que como Nixon antes ha destruido muchos de los acuerdos del sistema de libertades económicas y políticas. La fortaleza de las instituciones impidió que este Presidente se mantuviera en la Casa Blanca, pese a haber perdido la elección del 3 de noviembre. En México, mientras tanto, tenemos un gobierno que no solo admira los regímenes del viejo PRI, y al propio Trump, sino que está tomando medidas para regresar a la centralización de poder de los gobernantes de ese entonces. El presidente López Obrador, sin embargo, goza de una gran popularidad y tiene buenas probabilidades de incrementar su fuerza política en las elecciones de este año.

En la historia nada pasa porque sí. A pesar de sus faltas políticas y éticas, Trump obtuvo 74 millones de votos en los comicios del 3 de noviembre. Esto es consecuencia en parte de un cambio fundamental. En 1972, cuando llegué por primera vez a este país, el 84 por ciento de la población era “blanca”. Para 2017, ya en la era Trump, esta proporción había bajado a 60.6 por ciento. Se espera que para el 2050 los blancos se conviertan en una minoría en la Unión Americana.

Esta situación ha hecho que muchos estadounidenses de raza blanca se sientan invadidos en su propio país. Trump ha logrado movilizar a esta población. El Partido Republicano, que en el siglo XIX fue el que peleó por abolir la esclavitud de la población negra, se ha convertido hoy en el partido de los blancos, mientras que el Partido Democrático, que defendía primero la esclavitud y después limitaba los derechos de los negros, hoy es la organización que aglutina a los negros, los latinos y a diversos grupos de migrantes.

Cuando Trump hace la promesa de “hacer grande a América otra vez”, no se refiere realmente a la prosperidad, porque antes de la pandemia la Unión Americana era más próspera que nunca, sino que busca regresar a una nación mítica que era abrumadoramente blanca. Por eso su énfasis en construir el muro, por eso ha mantenido el apoyo de la población blanca a pesar de todas sus transgresiones.

Es una lástima. Entiendo los temores al cambio de la población blanca, pero Estados Unidos se convirtió en una nación próspera por sus libertades económicas, por el libre comercio y por la inmigración. Las medidas que tomó Trump para eliminar las libertades económicas y la migración no han hecho más que debilitar al país que prometió hacer grande otra vez.

Presumidos

Una vez más la SRE presume de haber pedido que se mantenga cerrada la frontera con Estados Unidos, pero los cruces fronterizos están cerrados solo para los mexicanos, no para los estadounidenses. ¡A quién se le ocurre que a México le conviene que se discrimine a los mexicanos! ¿Y quién piensa que el coronavirus verifica el pasaporte antes de contagiar a alguien

Twitter: @SergioSarmiento

Agencia Reforma

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